Quinta: mucha velocidad y casi sin fuerzas. El viernes terminé de ocuparme de mi semestre y al fin pude desestresarme un poco. Era más bien sicológico, estaba en vacaciones de papel desde mediados de agosto. Había aprovechado el tiempo botando kilos de papeles que no usaba desde hacía años y que seguramente nunca usaría; ordenando libros y haciendo una lista de los que necesito o que quiero tener (casi todos son de historia); pintando mi pieza y ocupándome de la construcción de un lindo escritorio ideado y construido por mi cuñado; organizando la fonda familiar que habrá el 18, lo que incluía el arreglo de la casa (que aún no termina y en el que casi no he ayudado, bendito cuñado), la búsqueda de tejos para nuestro mini campeonato de rayuela, la compra de parrilla, materiales, asta de bandera y chucherías varias; y por último, ordenando un poco el desastre que tenía en el computador. Así que la reunión del viernes me venía como anillo al dedo para dar por cerrado un período.
Cuarta: no se si fue o no por haber gritado tanto. La pasamos muy bien el viernes. Cantamos (aunque no en el escenario), bailamos, gritamos. MOON se quedó sin voz y yo tenía una ligera carraspera. Después de dejar al trío de cantantes en su casa, sanos y salvos, nos vinimos a mi casa. MOON despertó con el mismo malestar y sin nada de voz. Yo con un poco de tos. Nos fuimos a su departamento en la noche, pedimos Perdidos en Tokio y Tiempos Modernos para verla abrigaditos mientras llovía y comiendo Banana Chip y Frutillas Deshidratadas
Tercera: MOON durmió pésimo esa noche. Estaba muy obstruida y era casi claro que tenía una laringuitis. A medida que pasaba el día iba empeorando, cada vez con menos ánimo, más molestias en la garganta y dolor de cabeza. Así que tuvimos que buscar a nuestro amigo, el médico, y visitarlo mientras esquivaba a sus siempre expectantes parturientas. Diagnástico: Laringitis aguda. Prescripción: Corticoides, broncodilatador, un jarabe y reposo vocal. Si empeoraba, que no fuera a trabajar. El resto de la tarde esperamos en vano que amainaran las molestias, mientras a dos cuadras los gritos inundaban el Nacional.
Segunda: Volví a mi casa esa noche de domingo, preocupado por la niña. El partido de Chile pasó como el día: sin pena ni gloria. A la mañana siguiente MOON fue a trabajar y, obviamente, a medida que pasó el día se fue sintiendo peor, sumándose la fiebre. No podía ir a buscarla, pues me había comprometido con mi padre para esa tarde. Iría buscar el auto nuevo, que había anhelado después de tanto tiempo como peatón. Pero el día no acompañaba para nada, las calles eran un verdadero río esa noche. Y hacía mucho tiempo que no manejaba un auto de transmisión mecánica. Primera. Segunda. Primera. Segunda. Tercera. Segunda. Tercera. Segunda. Tercera. Cuarta. Ay, mi pie izquierdo. Pero la molestia era nada comparada con la congestión de Lily.
Primera: ¡Fuerza! MOON se tuvo que conformar con quedarse en cama. Otro amigo médico la fue a ver anoche y le dijo que tenía todas las itis posibles, desde los bronquios hasta la nariz, 39 de temperatura y compromiso del estado general. De seguro una influenza. Ya no era sólo la molestia por cantar muy fuerte en el Flannery’s. Hoy aproveché el auto nuevo y partí a buscar a mi amigo el médico, el de la primera consulta. Ahora con más tiempo y sin parturientas en el box del lado, pudo afinar un poco más la puntería. Neumonía atípica, producida por micoplasma. Se presentó en forma leve, asimilándose a una bronconeumonia común. Antibióticos, reposo absoluto hasta el domingo, jarabes, más tabletas, más líquido, más pañuelos desechables. Pobre mi niña. Ojalá se vaya sintiendo mejor.
¿Reversa?: Mientras escribo este post, la tos no me deja tranquilo. No estoy obstruido, pero no quiero caer yo también. ¿Cómo se ponía la reversa? Subiendo el seguro del cambio, arriba a la izquieda. Primera, segunda, tercera, cuarta, quinta. Velocidad crucero….
