Uno de los ámbitos que me acercan a la Historia (así, con mayúscula), es la perduración de las tradiciones. La cultura popular con su arrolladora fuerza, ha resistido las influencias de la cultura “oficial”, incluyendo medidas tan drásticas como el cambio de un calendario. Pero, como lo hace la mayor parte de la naturaleza, las tradiciones van tomando su rumbo y siguen perviviendo.
En un principio los paganos celebraban su culto a solciticios y equinoccios. Y lo hacían con mucha fuerza. Tanta, que las nuevas creencias, con menor peso y arraigo, pero con más poderío militar, veían estas celebraciones como una amenaza.
El calendario Gregoriano es una muestra de esta dialéctica. A cada celebración pagana, la Iglesia asignó una celebración religiosa. A la del equinoccio, la Navidad (21 -24 de Diciembre); al solsticio, San Juan (21 -24 de Junio); al otro equinoccio, la Pascua (21 de marzo, con fecha movible). Y así muchas otras fechas. A otras de origen religioso le ha seguido otra pagana también (1 de noviembre, Todos los Santos y Halloween).
Por mi parte, creo que iré a buscar tres papas al canasto de las verduras…


Pronto Venus, cual Afrodita, acudir